martes, 24 de junio de 2008

POEMAS


BARTOLOMEÉ

Proposición I

POBRE POETA
TIEMPOS
LLANTO CELESTIAL
DOS MUJERES
ESPERANZA ILUSIONES
MATILDE
MI MAL
TRATAR DE CEDER
ADELA
LA PROMESA
AL QUE LLEGA
MI SOLEDAD
LA DAMA Y EL VERSO
ÁNGELES QUE FALTAN
LO FINGIDO
EL DESDICHADO
SEPULCRO
LO SUFRIDO
ESTRELLAS DEL CIELO
SONETO INTENTADO A MI MADRE
LA DICHA EN UNA HORA
CHARLATÁN
LA QUINTA CHONATE
DOLENCIA


Proposición II

YA LO DISTE
DOBLEZ
DEIDAD
EL BESO
ODA A PACHACUTEC
EL DESPUÉS
NIÑA DE 20
LA ALEGRÍA Y LA MUJER
POEMA FINAL
COMO FUERA
LA IDA
DEMÉRITO
DEL POLVO AL POLVO
JARDÍN
MI SUSPIRO
A LO LEJOS AÚN ME SIENTO
SOY
MI CASTIGO ESTA YA
ME CANSE
REGRESO
JAMÁS
POEMAS
DÍA DE FIESTA
POEMA PARA LA IDA I


Proposición III

EL PERDÓN
DESEO
ATRÉVETE
ME SIENTO TRISTE
DEPLORO
BOJAR
IMAGINAR
MORDAZA
EL REENCUENTRO
POEMA DE LA IDA II
REFLEJO
BASTA
EL AMOR SIN TI
SOY UN HOMBRE FELIZ Y ENAMORADO
ERA YO
GALLETAS DE LODO
SANTOS BUENOS
CALOR
INJUSTICIA
EL AMOR NO QUIERE SABER DE GEOGRAFÍA
SINCERIDAD
CERTIDUMBRE
POEMA PARA VIVIR
LOS VERSOS REPOSADOS


Proposición IV

NOCHE NEGRA
MIEDO DE VERTE ENVEJECER
ROMANCES
UNA MUJER QUE AME MIS PIES
CÁNCER
DESAFÍO
DORMIR DE DÍA
A USTED
NECESIDAD
CLARIVIDENCIA
MARJORI
SEQUÍA
CULPA
EL TE AMO NECESITO CONJUGAR
AFRODITA ERES TÚ
EL NO SÉ
LA DISTANCIA Y EL OLVIDO
EL HOMBRE Y LA NATURALEZA
EL VIENTRE
EL SUPER YO
DECIR TE AMO NO ES DEMOSTRAR
LA CASA
LA PALABRA
A MI AMIGO PEPE

AL LECTOR

He querido plasmar en letras, cual intento de un poeta oculto, lo que se abriga dentro de mí, no necesariamente por ser todas ellas vivencias que afloran del corazón del autor, aunque debo reconocer que partiendo del mismo se han tejido muchos versos como propia inspiración; ante ello, quiero ser sincero que si bien de algunos textos al acorde de mi vida suelen plasmarse realidades ajenas, no es lírico afirmar que las estrofas sin acento o con rima están compuestas por el alma traicionada, por la musa recordada, por el gozo de dejarla o por el llanto de morir.

No pretendo con ello lograr el advenimiento de ser consagrado en la segunda parte de mi vida como un componente del género lírico; bástame tan sólo el hecho de que atentos a lo escrito, encuentren no en mi corazón sino en vuestros propios corazones nociones para auscultar el recuerdo de un amor ido o en serena obstinación denotar satisfacción por lo propiamente que han vivido.

En este sentido, “POEMAS DE LO HONDO DEL CORAZÓN (Y A VECES DE LA RAZÓN)” es más que un reto logrado.

Recuerdo a la sazón, que la “locura” de escribir de la que habla el poeta Guillermo Ortiz, quién gentilmente ha accedido a servir de presentador en esta aventura, no nace recientemente para mí, pues encontrándome cursando mis estudios universitarios en la ciudad de Lima, ya lo había pretendido, atraído por las lecturas pre-contemporáneas de los románticos Mariano José de Larra, José Zorrilla, Gustavo Adolfo Bécquer e, incluso de novelas americanas, como las de Irving Wallace, al punto que me animé en una de tantas noches de insomnio adolescente a comenzar a escribir una novela bajo la atenta media luz de un pequeño cuarto de pensión; recuerdo que era sobre un romance acontecido en la selva inhóspita de nuestro país, entre una pareja que se vio simultáneamente afectada por la diferencia de sus orígenes sociales y de riqueza, como por los acontecimientos políticos existentes, entre ellos, los del narcotráfico y la subversión imperante con sus muertes; así, avanzaba a mano firme sobre el papel los capítulos de esa mi primera novela, hasta que un día de repente cedí, me aventuré en lo mundano de la vida y su distracción, y mis letras escritas quedaron revestidas por el polvo amarillo en un viejo fólder de cartón escondidas en un cajón y recubiertas por la ropa íntima que de semana en semana me atrevía a lavar yo mismo.

Fue así, que en uno de los preámbulos de mi retorno a mi ciudad natal, Chiclayo, recordé lo que había escrito años atrás, y pretendí recoger mis viejos textos para intentar reiniciar mi novela incompleta, pero por más que busqué nunca encontré ese fólder de manila con mis hojas escritas, dando lugar a que nunca más volviera a escribir.

Pero un día, ya no entre las paredes de un frío y húmedo cuarto limeño, sino entre el calor de mi ciudad natal y la gracia de mi nuevo hogar, es que recordé lo que mi padre acostumbraba a recitar a sus noveles sobrinos, un fragmento de un poema que le enseñaron en su escuela primaria y que siempre repetía con voz trémula al aroma de unas copas de cantina: “Hace ya diez años/que recorro el mundo/ ¡He vivido poco!/ ¡Me he cansado mucho!/ Quien vive de prisa no vive de veras/quien no hecha raíces no puede dar frutos…/ Ser río que corre, ser nube que pasa/sin dejar recuerdos ni rastro ninguno/es triste; y más triste para quien se siente/nube en lo elevado, río en lo profundo/”; y entonces abrigado en el “Fiat Lux y su Nostalgia” del vate José Santos Chocano me adentré, de a pocos, en el sentimiento poético de otros autores como Pablo Neruda, César Vallejo, Rubén Darío y, más actualmente, Mario Benedetti, Jaime Sabines y Nicanor de la Fuente; y entonces cual Cid o Quijote emprendí una nueva batalla por recuperar el tiempo perdido, y aunque no más reencontré en letras de novela a los sufridos enamorados del oriente y ni supe como terminaron entre tantas muertes, de ese propio tiempo de inercia literaria recogí no sólo la congoja de lo padecido, o el llanto escondido de un ser solitario, sino también el gozo de lo vivido, siendo éstos, mis propios recorridos, fuente de mi inspiración para atreverme nuevamente, y después de veinte años, a escribir y, lo que es peor aún, a publicar lo escrito.

Les invito entonces, en especial humildad, sumarme a la larga lista de los románticos hispanoamericanos que encabeza con lustre el cubano José María Heredia (1803-1839) y que conllevara a la sentencia de que, antes que surgiera el romanticismo en España, ya había surgido el romanticismo en América; no importa ser bueno o mal escritor, ni siquiera si es que el poeta atrae con sus rimas o el cantor con sus melodías, ya que como dijera Esteban Echeverría “el romanticismo no conoce forma ninguna absoluta; todas son buenas con tal que representen viva y característicamente la concepción artística. En la lírica canta y dramatiza, es heroico, elegíaco, satírico, filosófico, fantástico a la vez, en el drama ríe y llora, se arrastra y se sublima, idealiza y copia la realidad en las profundidades de la conciencia; toca todas las cuerdas del corazón-, es lírico, épico, cómico y trágico a un tiempo, y multiforme”.

Permítanme, no obstante, ampliar la singular propuesta de Memo Ortiz de leer este poemario bajo los sones distraídos de un ritmo juvenil, y también proponerles los acordes de unos tonos lentos y románticos; para así, recordando las palabras del poeta chiclayano Arturo Rodríguez, animarlos “a coger según la estación una limonada con hielo o una taza de buen café, relajarse, y leer hasta morir”.

Finalmente, debo reiterar que no pretendo con ello, y mucho menos me atrevo, en que al final me consideren como un auténtico poeta; soy simplemente un romántico más en la abundancia, alguien que ha recogido de lo vivido causa y motivo para sufrir, sentir, gozar y amar.

Chiclayo, 15 de Marzo del 2008






“BARTOLOMÉ”

LA POESÍA DEL CORAZÓN DE JULIO FERNÁNDEZ BARTOLOME



¡Conocí, en el año de 1999, estando en Buenos Aires, Argentina, a un personaje extraordinario que marcaría mi vida literaria. Era la segunda oportunidad que visitaba la patria del inmortal Carlos Gardel para asistir, en representación de la Casa del Poeta Peruano, al evento internacional denominado “V Encuentro de Poetas del MERCOSUR y la Comunidad Hispanohablante”.

Por una deferencia muy especial, que hasta ahora agradezco, quedé alojado en la acogedora residencia de la Presidenta de la Sociedad Argentina de Literatura, Artes y Ciencias (SALAC) y organizadora del evento mencionado, mi entrañable amiga Rosalía Pelle Mancuso, que se encontraba ubicada en la hermosa ciudad de La Plata, la capital de Buenos Aires. Fue precisamente Rosalía quien me presentó a su “maestro”, así solía llamarlo ella. Al Dr. Miguel Oscar Menassa que se encontraba por entonces en Buenos Aires, de regreso de Madrid, España, donde reside desde hace muchos años. El Dr. Menassa es una personales impresionante u multifacético, digno ejemplo de las inteligencias múltiples. De profesión Médico Psiquiatra, psicoanalista de inmenso renombre internacional, es un consagrado poeta, novelista, pintor, conferencista y autor de una cantidad impresionante de libros publicados. Es infatigable su quehacer de escritor. De la lectura de uno de sus libros de poesía “La Patria del Poeta”, que él me obsequiara con una honrosa dedicatoria, yo quedé marcado por este verso que me parece la definición más exacta y justa de lo que significa la poesía y sentirse poeta, más allá de los artificios y exigencias verbales, necesarias y obligadas, no lo niego, de vates consagrados. Menassa dice entonces, sabiamente: “Si es posible el poema, es posible la vida”. Una definición que lo expresa todo con una sencillez inmensamente humana y que Julio anticipa en su poema “Tratar de Ceder” que calza perfectamente con lo dicho anteriormente:”Tiempos de los tiempos aquellos,/en que la palabra lo era toso,/y el suspiro aún existía”...

De aquí parto para comentar y representar, nunca será un análisis (no es mi pretensión), el poemario de Julio Fernández Bartolomé (su ópera prima), su inefable locura de poner a consideración de todos los humanos y de los que no lo sean, aquel acto confesional que él ha titulado “POEMAS DE LO HONDO DEL CORAZÓN (Y A VECES DE LA RAZÓN)”. Frente a éste título me acordaba ahora, de aquella añeja sentencia que nos advierte: “Las cosas del corazón, no las entiende la razón”. Para ser sincero conmigo mismo en la presentación de los poemas de Julio, mi amigo, yo nunca imaginé que dentro de las locuras que le conozco, existía ésta de la pasión por la poesía. Pero el hombre es un comunicador por excelencia y el corazón es su voz secreta y letal cuando se desborda en los causes del amor. Julio, como todo ser humano, tiene su propio y absoluto tiempo. Es el tiempo que él ha esperado y, por eso, uno de sus primeros poemas lleva éste título y nos dice: “Tiempos aquellos sobre los cuales cobijamos nuestras vidas, / paseos interminables de blandor y esperanza, pero fatiga insurgente al final de ellos”. O en “Tratar de Ceder” vuelve sobre lo mismo: “Tiempos de los tiempos aquellos, / que pasaban entre verso, canto y poesía, / dando vida a la otra vida”.

Julio escribe siguiendo una suerte de rima instintiva de acorde sentimental, verso asimétrico, antisonético. Obedece más a la fuerza de la pasión que al orden lírico tradicional; se expresa con absoluta libertad, confesándose a su manera, en un estilo muy personal. Así lo declara en su poema “Doblez”: “Escribo sin saber lo que escribo/ por ello no te afiances en mis letras/ y menos pretendas como mío/ si te digo cosas como estas…” En el mismo poema, añade: “Hoy mis versos carecen de sentido/ se invocan sin estacas ni martirios/ basta pretender que uno esté dolido/ para hacer de estos versos flor de lirios”.

Si uno atiende con cuidado la lectura de la poesía de Julio Fernández, identificado como Bartolomé, encuentra que el poema se mimetiza en varios espacios y tiempos, dependiendo del poema, y entonces lo sorprendemos convertido en un aeda, un rapsoda, un corifeo, un demiurgo, un juglar del siglo XXI, pero sobre todo, para mi gusto yo lo encuentro más cercano a lo que hoy se conoce, dentro del ámbito musical, como un auténtico representante del reggaeton. He probado al leer su poesía poniéndole esa música actual, narrando cada verso y ha sido sorprendente el descubrimiento. Estoy seguro que ni él mismo lo ha advertido. En todo caso es asunto de probar; les aseguro que encaja con muchos poemas. Los invito a intentarlo con los poemas “Ya lo Diste”, “Adela”, “Al que llega”, “Mi Soledad” y “El Desdichado”, por citar solo algunos. Su temática poética va en ese ritmo, con esa melodía, con esa música de confesión y denuncia, con ese discurso popular que llega al corazón sin que se dé cuenta la razón.

El Poemario “POEMAS DE LO HONDO DEL CORAZÓN (Y A VECES DE LA RAZÓN)”, es un testimonio abierto a la confesión de un hombre, de un poeta urgido por comunicar, lleno de coraje para pedir perdón y perdonar, de sufrir y llorar y, como lo afirmara el gran poeta Amado Nervo: “Pero tuve miedo de amar con locura,/ de abrir mis heridas que suelen sangrar, y no obstante toda mi sed de ternura, cerrando los ojos, la dejé pasar”, como nos lo dice Julio en su poema “Lo sufrido”: “Más allá de lo sufrido, / están los sueños por lograr, / están los odios por ignorar, / están las musas por amar”.

Hay, en el contexto total del poemario de Julio, un poema que me parece el más logrado, uno convertido en Oración en un símil divino con el dulce y humilde “Hermano de Asís”. Se trata del poema “Como Fuera”: “Como si fuera algo,/ así yo fuera. / Como si dejara algo, / así yo dijera, / Como si sintiera algo, / así yo sintiera, / Como si tuviera algo, / así yo tuviera, / Como si perdiera algo, / así me perdiera, / Como si doliera algo, / así me doliera, / Como si quemara algo, / así me quemara, / Como si existiera algo, / así yo existiera…”.

No obstante lo dicho, debo agregar unos comentarios adicionales motivados por otros poemas porque, como un árbol frutecido de versos el libro de Julio Fernández, crece, se yergue de floresta sutil en la frondosidad de su creación. Les confieso, a manera de compartir una locura más de Julio que, cuando comencé a escribir el prólogo de su libro, éste había alcanzado la suma de cincuenta poemas aproximadamente y esto, a mí, me pareció bueno y suficiente, pero a él no le pareció igual y siguió escribiendo más poemas hasta llegar a los noventa (hasta ese entonces). Lo que pasó es que, ganado por la pasión de la palabra, siguió escribiendo, en una suerte de febril inspiración, hasta rebasar casi los cien poemas que componen el texto. En este sentido, la imprenta se ha visto forzada a efectuar una pausa necesaria de espera, pero considero que ha valido la pena y así lo podrán confirmar los lectores. Sobre este punto debo admitir que los últimos poemas de Julio han alcanzado una madurez de impresionante valía que, por cierto, no se desdicen de la armonía y coherencia de los anteriores.

Puedo señalar con firmeza que, sin que medie ningún compromiso amical condicionante, los poemas de Julio han logrado, fruto de una terca constancia, una rigurosa y prolija orfebrería poética. Advierto, en estos últimos, un tratamiento más exquisito del hecho poético, la temática más profunda y cuidada, la filosofía del pensamiento interpretando la vida, los hechos, el acontecer existencial, todos ellos tratados con fuerza y estética precisa que los acerca su personal testimonio humano. Y esto sorprende y agrada porque, dicho desde lo hondo del corazón y, tal vez, con algo de razón, en los poemas de Julio se va consolidando el ser humano que exterioriza su mensaje dolido, aquel que expone las vísceras de su agonía con coraje y dignidad, que ejecuta su propia crucifixión amorosa, dejando en el camino su inexcusable temor inicial. Pero poco después, en la brevedad temporal de su voz, a corta distancia del silencio o el grito nostálgico de sus recuerdos, como aquel bien logrado poema narrativo referido a “La Casa” paterna. Mi gusto y reconocimiento, digo mío, a otro poema, y supongo que final, dedicado “A Mi Amigo Pepe”: “Si te dicen, Pepe, que el poeta no debe ser político, no te aflijas amigo, se equivocaron: es justo lo contrario. / Ojala los presidentes fueran poetas, los Ministros de Estado y hasta los Alcaldes con quienes vivimos, pues veríamos al país que estaría siendo mejor considerado, / como el joven poeta / trata a su poema recién creado”. Más allá dice: “…los tediosos discursos estarían siempre verseados con pausas, / rimas, estrofas y acentos, / me imagino al señor juez sentenciado con versos alejandrinos, / a un congresista sustentar sus proyectos en sonetos y serventesios, / y a esos políticos que incumplen promesas / castigarlos con lecturas / de poemas aliterados y sin contenido.”

Julio, encuentra al final su propia manera de hablarnos de amor, pero sobre todo, de las mujeres que han de permanecer eternas en sus poemas, y como no, si ya lo canta en este fragmento de su poema “Necesidad”: “Te necesito tanto que… / arrancaría las hojas de todos los poemarios / para guardarlos y leerlos cuando quisiéramos / y luego, en barquitos de papel, mandarlos al río / navegando en busca de lo que fuéramos”.

Finalmente, Julio existe para el amor y la poesía con este libro suyo que ahora nos presenta, haciendo realidad aquel pensamiento que reza así: “El amor que no se atreve no es fuego sino nieve”, o aquel otro del “Principito” de Saint Exupéri: “Lo esencial es invisible a los ojos”. Empieza tu camino, Julio, y llena el cielo de palabras para que se estrelle el universo de corazones.



Lic. Guillermo Ortiz Suárez
Docente Universitario
Representante Internacional de la Casa del Poeta Peruano

JULIO FERNANDEZ BARTOLOME

“BARTOLOMÉ”, es el seudónimo con que sale a la luz del arte Julio Armando Fernández Bartolomé (Chiclayo 1967), miembro de una distinguida familia chiclayana, cuyos miembros no solo se han dedicado al desarrollo personal, sino también al servicio cívico con el ejercicio de sus profesiones y de la política, siendo exitosos alcaldes y parlamentarios. Julio, es joven de espíritu, marcado por la constancia y la perseverancia en el logro de sus ideales.
Abogado de profesión, con estudios superiores y de especialización en la Universidad de San Martín de Porres, Universidad de La Laguna -Tenerife- España, y Universidad de Chiclayo, donde es docente asociado hace más de diez años.
Ha sido catalogado con el grado de primer nivel académico por el Colegio de Abogados de Lima en el año 1994.
Se desempeñó como asistente del Ministerio de la Presidencia (1987), Presidente del Consejo de Ministros (1988), Congreso de la República (1989-1990) y Banco Central de Reserva del Perú (1990-1992). Ha sido asesor de diversas entidades municipales y financieras, y actualmente es funcionario de una importante Institución Pública en el Perú.
Adoptó el seudónimo de BARTOLOMÉ (su segundo apellido) en honor a su madre nacida en la Ciudad de La Plata – República de Argentina.
Reside en la ciudad de Chiclayo.

e-mail:jfbsican@hotmail.com